Enviado por Maria LLácer el 05/07/2008 a las 12:27
LA TEMPESTAD NO HA TERMINADO
La tempestad no ha terminado es verano en 1997 traduces poemas que hablan de jazz y de semanas enteras en estado de embriaguez ahora miles de camino se abren visitamos la casa de un escritor que en realidad es un barco anclado en tierra y vemos al sol tan desnudo como los ojos de los demás Las líneas de tu mano dan sabiduría los pasos que quedan en los escaños de la escalera dan sabiduría A las cuatro de la mañana viste un caballo blanco galopando en las praderas de los sueños sentiste una voz repitiendo: “soy el último en tu ruta la última primavera la última nieve el último combate para no morir” La tempestad –como dije- no ha terminado las agujas de la locura penetran en todas partes sólo un poco de silencio para escribir el mudo lenguaje de las cosas un poco de silencio para sellar el pacto entre lo que soy y no soy.
LO QUE OLVIDÉ ANTES DE PARTIR
Soy el doble que alguien ve entre la multitud a la hora del vértigo: peso y cielos desfallecientes. Pero cualquier cosa es motivo de alborozo; un payaso, un organillero, el crujido de una hoja, cuando nos preguntamos para qué esperar tanto si las nubes caen como fuegos artificiales y yo, pantalones de pana y chaqueta de cuero, en los bolsillos llevo un libro y una petaca y sueño hundir mis suelas en la arena de la playa como si fuera el parque en donde ahora camino entre el murmullo de un sin fin de personas cuando Santiago se despoja de sus máscaras.
Cualquier cosa debería contentarnos; el vapor de una taza de café, los círculos imaginarios que haces volar en el aire, una postal llegada desde Europa. Este parque se parece a una ciudad cautivante como si sus desperdicios se esfumaran ante tu mirada. En tanto, dejas correr ríos sobre la mesa de algún restaurante.
Hay algo subterráneo en Santiago, rostros inimaginables, muchachas rapadas, ciegos; seres que como nosotros creen alejarse por un instante del frío, del miedo y de la muerte.
QUIERO HABLAR DE TI
A lo lejos, luces que se alimentan de nuestras vidas. Es necesario despercudirse, escapar a los absurdos designios de la muerte, buscarse en otros destinos, y arengar locuaz ante el espejo. Mas hay árboles de noche, casas apenas iluminadas por constelaciones lejanas al tedioso Santiago. Despierto bajo un cielo color té y vino blanco.
Y tú, centinela de una magia perfectamente factible, fiel y única amiga, escorpión del día real, nacida en la primavera de Santiago prolongas este viaje de vuelta a lo nuestro.
Sus Poemas
LA TEMPESTAD NO HA TERMINADO
La tempestad no ha terminado
es verano en 1997
traduces poemas que hablan de jazz
y de semanas enteras en estado de embriaguez
ahora miles de camino se abren
visitamos la casa de un escritor
que en realidad es un barco anclado en tierra
y vemos al sol tan desnudo
como los ojos de los demás
Las líneas de tu mano
dan sabiduría
los pasos que quedan en los escaños de la escalera
dan sabiduría
A las cuatro de la mañana viste un caballo blanco
galopando en las praderas de los sueños
sentiste una voz repitiendo:
“soy el último en tu ruta
la última primavera la última nieve
el último combate para no morir”
La tempestad –como dije- no ha terminado
las agujas de la locura penetran en todas partes
sólo un poco de silencio
para escribir el mudo lenguaje de las cosas
un poco de silencio
para sellar el pacto entre lo que soy y no soy.
LO QUE OLVIDÉ ANTES DE PARTIR
Soy el doble que alguien ve entre la multitud
a la hora del vértigo: peso y cielos desfallecientes.
Pero cualquier cosa es motivo de alborozo;
un payaso, un organillero, el crujido de una hoja,
cuando nos preguntamos para qué esperar tanto
si las nubes caen como fuegos artificiales
y yo, pantalones de pana y chaqueta de cuero,
en los bolsillos llevo un libro y una petaca
y sueño hundir mis suelas en la arena de la playa
como si fuera el parque en donde ahora camino
entre el murmullo de un sin fin de personas
cuando Santiago se despoja de sus máscaras.
Cualquier cosa debería contentarnos;
el vapor de una taza de café,
los círculos imaginarios que haces volar en el aire,
una postal llegada desde Europa.
Este parque se parece a una ciudad cautivante
como si sus desperdicios se esfumaran ante tu mirada.
En tanto, dejas correr ríos sobre la mesa de algún restaurante.
Hay algo subterráneo en Santiago,
rostros inimaginables, muchachas rapadas, ciegos;
seres que como nosotros creen alejarse por un instante
del frío, del miedo y de la muerte.
QUIERO HABLAR DE TI
A lo lejos, luces que se alimentan de nuestras vidas.
Es necesario despercudirse, escapar
a los absurdos designios de la muerte, buscarse
en otros destinos, y arengar locuaz ante el espejo.
Mas hay árboles de noche, casas apenas iluminadas
por constelaciones lejanas al tedioso Santiago.
Despierto bajo un cielo color té y vino blanco.
Y tú, centinela de una magia perfectamente factible,
fiel y única amiga, escorpión del día real,
nacida en la primavera de Santiago
prolongas este viaje de vuelta a lo nuestro.