Numancia es el nombre de una desaparecida población de la Península Ibérica,
No está muy claro si es una ciudad que pertenecía al pueblo de los pelendones o de los arévacos. En este sentido, Plinio afirma que es una ciudad pelendona, aunque otros autores, como Estrabón y Ptolomeo la sitúan entre los arévacos. Las principales conjeturas respecto a esta cuestión radican en el origen histórico de la llegada de ambos pueblos al actual suelo español; los arévacos llegaron a la península posteriormente a los pelendones, y los desplazaron hasta el norte de Soria, no quedando claro cual de ambos fue el auténtico precursor de Numancia.
La principal fuente de datos sobre la antigua vida en Numancia proviene de la Arqueología, puesto que apenas subsisten restos escritos sobre la vida cotidiana de sus habitantes.
Su ubicación geográfica se sitúa en el cerro de la Muela de Garray, en la confluencia del Duero y el Tera. Era una ciudad celtíbera, y pervivió tras la conquista de Roma como ciudad hispanorromana.
Su primera ocupación data del Calcolítico, a comienzos de la Edad del bronce, (entre el 800-700 adC). Perduraría un asentamiento de la cultura castreña de la Edad del Hierro hasta el siglo IV adC.
Tras ser arrasada por Roma, la ciudad no estuvo mucho tiempo sin ser ocupada, encontrándose restos de poblamiento pertenecientes al siglo I adC. Esta época se caracteriza por un urbanismo bastante regular, aunque sin grandes edificios públicos. En el siglo III comienza su decadencia, (aunque se han encontrado restos romanos del siglo IV).
Se cree que posteriormente pudo haber sido ocupada por visigodos, por haberse encontrado restos del siglo VI.
Conquista y Asedio de Numancia
El sometimiento de los pueblos de la península al Imperio romano, tenía sus excepciones. Pueblos como los arévacos, vacceos, tittos, bellos o lusitanos en una fase intermedia de la conquista, pusieron mucha resistencia, y ciudades como Numancia y Termancia (Tiermes), llegaron a mandar a Roma embajadas para tratar con el Senado romano.
El cónsul Quinto Cecilio Metelo, el Macedónico, que había conquistado y sometido gran parte de la península, conquistó gran parte de las ciudades de los arévacos, vacceos y pelendones, pero se le resistieron Numancia y Tiermes. Fue sustituido por Quinto Pompeyo quien llegó celoso de la gloria de Servilio Cepión por poner término a la insurrección acaudillada por Viriato. Pero tampoco consiguió someter a las dos ciudades celtíberas.
El año 153 adC, los habitantes de Segeda, ciudad comarcana que habían combatido a las órdenes de Viriato en el país de los arevacos, dilataba el envío de soldados para servir en el ejército romano, se negaba a pagar impuestos al tiempo que se fortificaba iniciando la construcción de una nueva muralla, hizo frente a las legiones consulares de Fulvio Nobilior, quien dejó 6000 hombres en la batalla siendo obligado a huir hasta que la caballería romana que iba a retaguardia convirtió en derrota el anterior triunfo, en la que murió Caro el jefe de los arevacos.
Los arévacos supervivientes se reunieron en Numancia y decidieron continuar las hostilidades. Tres días después, Fulvio Nobilior, se presentó a las puertas de Numancia con un ejército en cuya primera línea formaban 10 elefantes y 500 jinetes númidas que Masinisa le había enviado desde África.
Primera batalla de Numancia
Los numantinos y sus caballos se asustaron por los elefantes y corrían a refugiarse en su ciudad hasta que una pedrada hirió a un elefante que, entrando en furor se revolvió contra los legionarios, siendo imitado por los restantes. Su ataque causó numerosas víctimas entre los propios asaltantes. El ataque que siguió a continuación a los desbandados romanos, hizo que las víctimas se fijaran en 4000 romanos y 2000 entre los numantinos. Además, fueron capaces de matar a 3 elefantes.
Fulvio Nobilior no quiso intentar nada más e invernó en su campamento con escasez de víveres y recibiendo continuos asaltos de los numantinos.
Llegada la primavera de 152 adC, Quinto Pompeyo relevó a Nobilior por el cónsul Claudio Marcelo, que llegó con 500 caballos y 8000 infantes. Estos debían ser reclutados por sorteo ante la general negativa de la ciudadanía romana de alistarse para combatir en Iberia.
Primer sitio de Numancia
El pretor Quinto Pompeyo tenía 30.000 soldados y 2.000 caballos que fue perdiendo en las numerosas emboscadas hasta que cansado, dirigió sus tropas contra Termancia (Tiermes) y tornó a hostilizar a Numancia desviando por el llano un río, que podía ser el Tera, para sitiar a la ciudad por hambre. Los numantinos a cuyo mando estaba Megara, no solamente lo evitaron sino que volvieron a causarle numerosas pérdidas. Trató de terminar la guerra intercambiando rehenes, prisioneros y desertores y recibió de los numantinos cierta cantidad de dinero. En definitiva, pactó con ellos.
Al ser sustituido por Marco Popilio Lenas, el pacto fue anulado por el Senado de Roma, que lo consideró vergonzoso, y se decidió seguir la guerra.
A Popilio le sustituyó Cayo Hostilio Mancino, cuyo fracaso fue superior a los anteriores puesto que cuantas veces como peleó con los numantinos, fue vencido. Fue encerrado en su campamento y, bajo amenaza de muerte para todo su ejército, aceptó la paz. Los numantinos se limitaron a desarmar al ejército romano a cambio de la paz. Fue llamado a Roma con los embajadores numantinos que como nación bárbara acampaban a las afueras de la ciudad.
Numancia es el nombre de una desaparecida población de la Península Ibérica,
No está muy claro si es una ciudad que pertenecía al pueblo de los pelendones o de los arévacos. En este sentido, Plinio afirma que es una ciudad pelendona, aunque otros autores, como Estrabón y Ptolomeo la sitúan entre los arévacos. Las principales conjeturas respecto a esta cuestión radican en el origen histórico de la llegada de ambos pueblos al actual suelo español; los arévacos llegaron a la península posteriormente a los pelendones, y los desplazaron hasta el norte de Soria, no quedando claro cual de ambos fue el auténtico precursor de Numancia.
La principal fuente de datos sobre la antigua vida en Numancia proviene de la Arqueología, puesto que apenas subsisten restos escritos sobre la vida cotidiana de sus habitantes.
Su ubicación geográfica se sitúa en el cerro de la Muela de Garray, en la confluencia del Duero y el Tera. Era una ciudad celtíbera, y pervivió tras la conquista de Roma como ciudad hispanorromana.
Su primera ocupación data del Calcolítico, a comienzos de la Edad del bronce, (entre el 800-700 adC). Perduraría un asentamiento de la cultura castreña de la Edad del Hierro hasta el siglo IV adC.
Tras ser arrasada por Roma, la ciudad no estuvo mucho tiempo sin ser ocupada, encontrándose restos de poblamiento pertenecientes al siglo I adC. Esta época se caracteriza por un urbanismo bastante regular, aunque sin grandes edificios públicos. En el siglo III comienza su decadencia, (aunque se han encontrado restos romanos del siglo IV).
Se cree que posteriormente pudo haber sido ocupada por visigodos, por haberse encontrado restos del siglo VI.
Conquista y Asedio de Numancia
El sometimiento de los pueblos de la península al Imperio romano, tenía sus excepciones. Pueblos como los arévacos, vacceos, tittos, bellos o lusitanos en una fase intermedia de la conquista, pusieron mucha resistencia, y ciudades como Numancia y Termancia (Tiermes), llegaron a mandar a Roma embajadas para tratar con el Senado romano.
El cónsul Quinto Cecilio Metelo, el Macedónico, que había conquistado y sometido gran parte de la península, conquistó gran parte de las ciudades de los arévacos, vacceos y pelendones, pero se le resistieron Numancia y Tiermes. Fue sustituido por Quinto Pompeyo quien llegó celoso de la gloria de Servilio Cepión por poner término a la insurrección acaudillada por Viriato. Pero tampoco consiguió someter a las dos ciudades celtíberas.
El año 153 adC, los habitantes de Segeda, ciudad comarcana que habían combatido a las órdenes de Viriato en el país de los arevacos, dilataba el envío de soldados para servir en el ejército romano, se negaba a pagar impuestos al tiempo que se fortificaba iniciando la construcción de una nueva muralla, hizo frente a las legiones consulares de Fulvio Nobilior, quien dejó 6000 hombres en la batalla siendo obligado a huir hasta que la caballería romana que iba a retaguardia convirtió en derrota el anterior triunfo, en la que murió Caro el jefe de los arevacos.
Los arévacos supervivientes se reunieron en Numancia y decidieron continuar las hostilidades. Tres días después, Fulvio Nobilior, se presentó a las puertas de Numancia con un ejército en cuya primera línea formaban 10 elefantes y 500 jinetes númidas que Masinisa le había enviado desde África.
Primera batalla de Numancia
Los numantinos y sus caballos se asustaron por los elefantes y corrían a refugiarse en su ciudad hasta que una pedrada hirió a un elefante que, entrando en furor se revolvió contra los legionarios, siendo imitado por los restantes. Su ataque causó numerosas víctimas entre los propios asaltantes. El ataque que siguió a continuación a los desbandados romanos, hizo que las víctimas se fijaran en 4000 romanos y 2000 entre los numantinos. Además, fueron capaces de matar a 3 elefantes.
Fulvio Nobilior no quiso intentar nada más e invernó en su campamento con escasez de víveres y recibiendo continuos asaltos de los numantinos.
Llegada la primavera de 152 adC, Quinto Pompeyo relevó a Nobilior por el cónsul Claudio Marcelo, que llegó con 500 caballos y 8000 infantes. Estos debían ser reclutados por sorteo ante la general negativa de la ciudadanía romana de alistarse para combatir en Iberia.
Primer sitio de Numancia
El pretor Quinto Pompeyo tenía 30.000 soldados y 2.000 caballos que fue perdiendo en las numerosas emboscadas hasta que cansado, dirigió sus tropas contra Termancia (Tiermes) y tornó a hostilizar a Numancia desviando por el llano un río, que podía ser el Tera, para sitiar a la ciudad por hambre. Los numantinos a cuyo mando estaba Megara, no solamente lo evitaron sino que volvieron a causarle numerosas pérdidas. Trató de terminar la guerra intercambiando rehenes, prisioneros y desertores y recibió de los numantinos cierta cantidad de dinero. En definitiva, pactó con ellos.
Al ser sustituido por Marco Popilio Lenas, el pacto fue anulado por el Senado de Roma, que lo consideró vergonzoso, y se decidió seguir la guerra.
A Popilio le sustituyó Cayo Hostilio Mancino, cuyo fracaso fue superior a los anteriores puesto que cuantas veces como peleó con los numantinos, fue vencido. Fue encerrado en su campamento y, bajo amenaza de muerte para todo su ejército, aceptó la paz. Los numantinos se limitaron a desarmar al ejército romano a cambio de la paz. Fue llamado a Roma con los embajadores numantinos que como nación bárbara acampaban a las afueras de la ciudad.