Enviado por Maria LLácer el 09/02/2008 a las 22:46
En cuanto al mundo de los gladiadores, su presencia es bien paradójica en nuestra península. Por una parte, la escasez relativa de representaciones en mosaico, escultura, pintura o cerámica parece ahondar en la idea de que el munus gladiatorio no era particularmente apreciado, y, en el mismo sentido, no deja de ser elocuente que la práctica ausencia de gladiadores hispanos en el conjunto del imperio venga unida a una aplastante proporción, en nuestros epígrafes, de gladiadores nacidos y entrenados fuera de la Península. Pero, por otra parte, es innegable la abundancia de epitafios de gladiadores en nuestras necrópolis, el hallazgo de la llamada "Ley Gladiatoria de Itálica", y hasta la presencia de inscripciones votivas relacionadas con esta profesión. Tarraco, Barcino, Emerita, Gades y, sobre todo, Corduba son buenos testigos de nuestro aserto. Los espectáculos en los anfiteatros se dividían en tres partes: las venationes -cacerías o enfrentamientos de animales- por la mañana; unas luchas menores, alternando con ejecuciones capitales, al mediodía; y los combates de gladiadores propiamente dichos por la tarde. En este mosaico que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional podemos apreciar dos de las partes del espectáculo: las venationes en la superior y la lucha propiamente dicha en la inferior. No cabe duda de que este tipo de representaciones son un magnífico vehículo para conocer en profundidad la vida cotidiana en la época romana. Este fragmento de mosaico fue encontrado en el circo romano que se emplazaba próximo a Gerona. La escena representada muestra a un gladiador victorioso sobre su contrincante. Actualmente se halla expuesto en el Museo Arqueológico de Barcelona La lucha comenzaba con el saludo ritual "Ave Caesar, morituri te salutant" y solía terminar con el "police verso", gesto con el dedo hacia abajo que determina la muerte del perdedor. Había espectáculos de gladiadores que duraban días, con luchas contra fieras, cacerías, escenificaciones de batallas o dramas mitológicos
Las luchas de gladiadores nacieron como parte de las ceremonias destinadas a honrar la memoria de los muertos y en ellas participaban prisioneros y esclavos. Por ello las luchas de gladiadores siempre fueron tratadas como "munus" (obligación o regalo) y no como "ludus" (juego).
La espectacularidad de esta suerte, enseguida atrajo al pueblo romano y pronto se convirtió en un espectáculo destinado a entretener a las masas. Prisioneros de guerra y criminales condenados a morir eran los protagonistas de estas luchas, aunque la mayoría eran esclavos alquilados o comprados por las escuelas de gladiadores. Sin embargo, también había hombres libres que se especializaban en la lucha y se alquilaban como gladiadores.
Por todas las provincias romanas se extendieron las luchas de gladiadores, lo que provocó la aparición de diversas escuelas, como las de Capua, Pompeya o Rávena, además de las existentes en la propia Roma. De ellas quizás la más conocida sea la de Capua debido a la rebelión de esclavos encabezada por Espartaco que tuvo origen en ella en el año 71 a.C..
Existían muchos tipos de gladiadores, según las armas y protecciones que usaban, y casi nunca luchaban dos gladiadores del mismo tipo. Tracios, galos, samnitas o reciarios eran algunos de los gladiadores que se enfrentaban sobre la arena del anfiteatro.
La lucha comenzaba con el saludo ritual "Ave Caesar, morituri te salutant" y solía terminar con el "police verso", gesto con el dedo hacia abajo que determina la muerte del perdedor. Había espectáculos de gladiadores que duraban días, con luchas contra fieras, cacerías, escenificaciones de batallas o dramas mitológicos.
La palabra Gladiador proviene del latín, gladius, ‘espada’. Eran luchadores que participaban en espectáculos de combates armados en los antiguos circos y anfiteatros romanos. La práctica de la lucha hasta la muerte entre hombres armados empezó en Etruria, en el centro de Italia, probablemente como ritual en los funerales de guerreros. La primera actuación de gladiadores en Roma fue en el 264 a.C., cuando tres parejas de gladiadores lucharon tomando parte en la celebración de un funeral. Hacia el 174 a.C., treinta y siete parejas participaron en un espectáculo que duró tres días. Los espectáculos en gran escala patrocinados por Julio César, que en una ocasión incluyeron a trescientas parejas, hicieron que el Senado romano limitara el número de participantes. La competición más grande de gladiadores fue realizada por el emperador Trajano como parte de la celebración de la victoria contra los dacios en el 106, y ocupó a cinco mil parejas de luchadores. El emperador Domiciano llegó a organizar, en el 90 d.C., combates entre mujeres y enanos.
Los gladiadores eran esclavos, delincuentes condenados, prisioneros de guerra y a veces cristianos. Obligados a luchar con armas blancas, eran entrenados en escuelas llamadas ludi y se tomaban medidas especiales para disciplinarles y prevenir que se suicidaran. Un gladiador, Espartaco, se vengó de su situación escapándose y dirigiendo una insurrección que aterrorizó el sur de Italia desde el 73 a.C. hasta el 71 a.C.
Mosaicos
En cuanto al mundo de los gladiadores, su presencia es bien paradójica en nuestra península. Por una parte, la escasez relativa de representaciones en mosaico, escultura, pintura o cerámica parece ahondar en la idea de que el munus gladiatorio no era particularmente apreciado, y, en el mismo sentido, no deja de ser elocuente que la práctica ausencia de gladiadores hispanos en el conjunto del imperio venga unida a una aplastante proporción, en nuestros epígrafes, de gladiadores nacidos y entrenados fuera de la Península. Pero, por otra parte, es innegable la abundancia de epitafios de gladiadores en nuestras necrópolis, el hallazgo de la llamada "Ley Gladiatoria de Itálica", y hasta la presencia de inscripciones votivas relacionadas con esta profesión. Tarraco, Barcino, Emerita, Gades y, sobre todo, Corduba son buenos testigos de nuestro aserto. Los espectáculos en los anfiteatros se dividían en tres partes: las venationes -cacerías o enfrentamientos de animales- por la mañana; unas luchas menores, alternando con ejecuciones capitales, al mediodía; y los combates de gladiadores propiamente dichos por la tarde. En este mosaico que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional podemos apreciar dos de las partes del espectáculo: las venationes en la superior y la lucha propiamente dicha en la inferior. No cabe duda de que este tipo de representaciones son un magnífico vehículo para conocer en profundidad la vida cotidiana en la época romana. Este fragmento de mosaico fue encontrado en el circo romano que se emplazaba próximo a Gerona. La escena representada muestra a un gladiador victorioso sobre su contrincante. Actualmente se halla expuesto en el Museo Arqueológico de Barcelona
La lucha comenzaba con el saludo ritual "Ave Caesar, morituri te salutant" y solía terminar con el "police verso", gesto con el dedo hacia abajo que determina la muerte del perdedor.
Había espectáculos de gladiadores que duraban días, con luchas contra fieras, cacerías, escenificaciones de batallas o dramas mitológicos
Las luchas de gladiadores nacieron como parte de las ceremonias destinadas a honrar la memoria de los muertos y en ellas participaban prisioneros y esclavos. Por ello las luchas de gladiadores siempre fueron tratadas como "munus" (obligación o regalo) y no como "ludus" (juego).
La espectacularidad de esta suerte, enseguida atrajo al pueblo romano y pronto se convirtió en un espectáculo destinado a entretener a las masas. Prisioneros de guerra y criminales condenados a morir eran los protagonistas de estas luchas, aunque la mayoría eran esclavos alquilados o comprados por las escuelas de gladiadores. Sin embargo, también había hombres libres que se especializaban en la lucha y se alquilaban como gladiadores.
Por todas las provincias romanas se extendieron las luchas de gladiadores, lo que provocó la aparición de diversas escuelas, como las de Capua, Pompeya o Rávena, además de las existentes en la propia Roma. De ellas quizás la más conocida sea la de Capua debido a la rebelión de esclavos encabezada por Espartaco que tuvo origen en ella en el año 71 a.C..
Existían muchos tipos de gladiadores, según las armas y protecciones que usaban, y casi nunca luchaban dos gladiadores del mismo tipo. Tracios, galos, samnitas o reciarios eran algunos de los gladiadores que se enfrentaban sobre la arena del anfiteatro.
La lucha comenzaba con el saludo ritual "Ave Caesar, morituri te salutant" y solía terminar con el "police verso", gesto con el dedo hacia abajo que determina la muerte del perdedor.
La palabra Gladiador proviene del latín, gladius, ‘espada’. Eran luchadores que participaban en espectáculos de combates armados en los antiguos circos y anfiteatros romanos. La práctica de la lucha hasta la muerte entre hombres armados empezó en Etruria, en el centro de Italia, probablemente como ritual en los funerales de guerreros. La primera actuación de gladiadores en Roma fue en el 264 a.C., cuando tres parejas de gladiadores lucharon tomando parte en la celebración de un funeral. Hacia el 174 a.C., treinta y siete parejas participaron en un espectáculo que duró tres días. Los espectáculos en gran escala patrocinados por Julio César, que en una ocasión incluyeron a trescientas parejas, hicieron que el Senado romano limitara el número de participantes. La competición más grande de gladiadores fue realizada por el emperador Trajano como parte de la celebración de la victoria contra los dacios en el 106, y ocupó a cinco mil parejas de luchadores. El emperador Domiciano llegó a organizar, en el 90 d.C., combates entre mujeres y enanos.Había espectáculos de gladiadores que duraban días, con luchas contra fieras, cacerías, escenificaciones de batallas o dramas mitológicos.
Los gladiadores eran esclavos, delincuentes condenados, prisioneros de guerra y a veces cristianos. Obligados a luchar con armas blancas, eran entrenados en escuelas llamadas ludi y se tomaban medidas especiales para disciplinarles y prevenir que se suicidaran. Un gladiador, Espartaco, se vengó de su situación escapándose y dirigiendo una insurrección que aterrorizó el sur de Italia desde el 73 a.C. hasta el 71 a.C.